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miércoles, 5 de noviembre de 2014
jueves, 30 de octubre de 2014
Tributo
Conocí a Emilia Sánchez en la escalera de la Biblioteca Provincial, quiero decir que fue la primera vez que la vi. Andaba con un vestido color fresa corto y era el año 1965, el mes no lo recuerdo. Después nos encontramos en la escuela de artes plásticas y tuvimos, y me atrevo a decir que tenemos, algo más que una vieja amistad... Somos eternamente jóvenes en cuanto a los sentimientos se refiere; somos sencillos, atrevidos, hacemos planes y nos sentimos más juntos mientras caminamos por la playa de una ciudad desconocida para mi, pero que promete una belleza deslumbradora. Hacemos de todo lo que se pueda hacer en la mente de dos jóvenes ávidos de éxito y con una buena alma, sensible y muchas veces bonachona. Ella gesticula y baila y entonces se nos ocurre que podemos hacer un dúo que arrasaría y hasta mezclamos a Shakespeare en nuestros planes y a Celestino, un pianista casero, que trata infructuosamente de componer algo para nosotros que Cher y Sonny (a quienes no conocíamos entonces, por supuesto) no eran nada al lado nuestro o Ike and Tina Turner mucho menos. Emilia es muy obstinada y tiene un impulso del que yo carezco, o mejor dicho, una obstinación que le permite franquear umbrales imposibles para mi. El atardecer llega y no nos damos cuenta porque ya estamos en Radio City Music Hall haciendo de las nuestras y no hay sombras en nuestro camino... y por algún lugar se siente una brisa rica de aromas desconocidos lo que aún nos llena más de alegría y ya vivimos en Nueva York, París, Londres y tenemos que rechazar proposiciones fabulosas porque los contratos que tenemos con la tristeza son imposibles de cumplir y con esa si que hay que quedar bien para que no se enfurezca y aumente su dosis de dolor...Es una playa de arenas blancas y espuma y de pronto me detengo, no sé, no puedo hablar más, ella sigue y camina por la playa sin volver la cabeza atrás y me quedo sonriente y alentado: Emilia va a abrirnos los caminos al mundo, va a hacer el contrato definitivo con la vida y con algo tan difícil de conciliar que es la felicidad. Pero estoy seguro de que la va a alcanzar... y se pierde en el horizonte y el atardecer es el más hermoso que se ha visto. El mundo. El sol se va perdiendo por la línea infinita del mar, y me quedo esperanzado, seguro de que todo lo que hemos planeado lo vamos a poder realizar. Es lo más natural y no es tan difícil, no, pero algo también me dice que tenemos al fracaso mordiéndonos los talones y eso me molesta. Mordiendo ya y fuerte y pasa la noche y todos los atardeceres de nuestra existencia en la desolada vida sin playas que hemos resistido. Y más aún y es que ninguno de nuestros planes surtieron efecto: nadie nos contrató, nunca hicimos el dúo y la vida nos arrasó con tantas cosas increíbles. En un momento de nuestra existencia tuvimos conciencia de uno de los sentimientos o lo que sea más hermosos que pueda tener el hombre: la amistad... No pensábamos en tropiezos ni malos entendidos sino que siempre seríamos así...que estaríamos en algún lugar, juntos... pero fue un sitio desprovisto de luces o micrófonos o música, lo que prefieran. Fue un sitio de inexplicables emociones en la mayoría de los casos nada buenas. Y ahora, eso lo sé, Emilia está viviendo en una de las más famosas playas del mundo y yo sigo dormido en una arena árida sin mar lo cual quiere decir sin horizonte, y ella camina alcanzando el éxito de la vejez que puede ser la tranquilidad, y puede que cante conmigo hasta en el Teatro Real de Londres aquellos sonetos shakespereanos que Celestino trató de infructuosamente de musicalizar como se dice. Y triunfamos y somos nuestro propio público y nos vitoreamos hasta el delirio por haber soportado la vida más árida que se pueda soportar y nos llenamos de agradecimiento. Emilia y yo tenemos la misma edad.
¿Cuál será la explicación si es que se diera el caso de que alguien se atreviera a tratar de explicarnos nuestras vidas? ¿Quién puede hacerlo? ¿Quién puede justificar todo lo que pasó y que no fue por culpa nuestra? ¿Quién lo va a hacer y de qué manera? ¿Quién se atreverá a develar tanta miseria y tanta infelicidad?
Foto: Luis Sánchez Curbelo. Tomada del facebook de Emilia Sánchez Herrera.
lunes, 13 de octubre de 2014
Carlos Victoria in memoriam: Mi vida en Cuba fue una pesadilla
Por Ivette Leyva Martínez
En el verano de 1999 llegué a Miami desde Londres para realizar mi tesis de maestría, que estaría dedicada a producir un documental de radio sobre los cambios en la comunidad cubana después de las últimas oleadas migratorias.
Entre los artistas e intelectuales con los que hablé entonces para mi trabajo de grado se encontraba el escritor Carlos Victoria. La entrevista que dio inicio a nuestra amistad se realizó el 18 de junio de 1999 en el noroeste de Miami; fue una conversación de una hora y 15 minutos grabada en formato digital. Yo tenía 26 años, había llegado a esta ciudad hacía tres meses y desconocía los pormenores de muchas historias ocultas de la Cuba que había dejado atrás. Este fue uno de los primeros testimonios que escuché -en primera persona- sobre la brutal represión que sufrieron muchos intelectuales cubanos durante el llamado Quinquenio Gris.
Durante años la grabación permaneció en una gaveta y este verano me decidí a escucharla nuevamente. Además de emocionarme en el recuerdo, me impactó la absoluta vigencia que conservan sus palabras.
Este 12 de octubre, en el séptimo aniversario de la muerte de Carlos, me parece una fecha propicia para publicar este testimonio a manera de homenaje y recordación del excepcional escritor y del entrañable ser humano que fue. Se trata de una versión abreviada de la entrevista, en la que aborda sus problemas en Cuba, la aventura literaria de la revista Mariel (1983-1985) y su relación con el ex ministro de Cultura Abel Prieto, entre otros temas.
La conversación completa -una de las pocas grabaciones de la voz de Carlos que existen- pasará como donación a los archivos de la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami...seguir leyendo en Caféfuerte
Foto: Carlos Victoria en Miami. Agosto de 1984. Archivos de José Rodríguez Lastre
lunes, 11 de agosto de 2014
Momento de Carlos Victoria
La editorial Verbum acaba de publicar este ensayo de Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco. El séptimo capítulo esta dedicado a Carlos Victoria y aparece una entrevista hecha a su amigo Nikitín en agosto de 2011. (Pinche las imagenes para leer)
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lunes, 21 de julio de 2014
Entrevista a Nikitín en Radio Cadena Agramonte (2008)
¿Y cómo llega usted a Santiago de Cuba? Porque su etapa en aquella ciudad tiene una gran incidencia en su desarrollo como escritor.
“Sucede que hay una puesta teatral aquí en Camagüey, que atrajo una serie de conflictos y la mayor parte de los actores y actrices se fueron del Conjunto Dramático –y entre ellos me fui yo también, que iba a ser asesor del Conjunto-. Así fue voy a dar a Santiago de Cuba.
“Allí conocí a una de las personas que más quiero, para mi maravillosa. Cada vez que hablo de él me emociono mucho, porque tuvo una calidad humana sin precedentes. Me refiero a José Soler Puig, un hombre de una talla increíble, un escritor a quien pienso que aún no se le ha dado en las letras cubanas el significado que tiene, ni se ha dignificado en la medida que tendría que ser.
“Mi encuentro con José Soler Puig fue algo divertido. Yo me encontraba en la emisora esperándolo, me pongo a hablar con una persona; ese ‘alguien’ me pregunta que si yo conozco a Soler, le respondo que no; me pregunta mi opinión sobre él, y yo me explayo admirativamente sobre Soler. Y cuando termino, me estrecha la mano y me dice ‘Yo soy José Soler Puig’. Imagínate, ahí mismo nos hicimos amigos, una amistad entrañable, y esa misma tarde estaba comiendo en su casa. Eso sucedió el 10 de enero de 1969. Y la mantuvimos hasta que falleció en 1994".
Para leer la entrevista completa pinche aquí
domingo, 20 de julio de 2014
Comunicando con Nikitín
Les informo a los amigos de Niki que quieran comunicarse directamente con el por teléfono, que ya pueden hacerlo. Deje un mensaje aquí con su nombre y dirección de correo, y el número de su celular le será enviado en el plazo más breve posible. Gracias a la persona (imagino que otro de sus buenos amigos) que ha hecho posible este milagro!
El editor.
domingo, 13 de julio de 2014
Las cosas de mi padre
Mi padre consideraba que manteniéndome en una escuela de burgueses,
comprándome los libros, la ropa y la comida, todo estaba resuelto. No era de
esos hombres que extrovierten su amor con muestras de afecto evidente y mucho
menos un ser que te acariciara y te hiciera sentir que te quería de verdad,
cosa que era así y que a mi me costó mucho trabajo entender. Durante muchos
años pensé que mis padres no se querían, que si mi madre había aceptado las
proposiciones de mi padre era porque mi abuela estaba de acuerdo, porque al
parecer ella era quien decidía quienes iban a ser los futuros esposos de sus
hijas. De cinco hembras, tres se quedaron solteras y solo una de ellas ya casi
en la senectud se caso con alguien con quien, evidentemente, llevaba relaciones
a hurtadillas por muchos años. El caso es que mi padre entró en la familia de
mi madre y viceversa, pero hablar de la familia de mi padre llevaría una
cantidad de tiempo increíble y yo quiero hablar de la persona quien recuerdo
con un gran amor y con la que lleve seis años de un idilio perfecto y ni un si
ni un no sucedió entre nosotros durante este tiempo: José Julián y yo nos
convertimos en dos personas tolerantes el uno para con el otro y durante ese
tiempo yo procure complacerlo y atenderlo de la mejor manera posible.
Yo no podía sustituir a mi madre como ama de casa, cosa que he sido por más
de tres décadas. Como digo: yo no soy amo de casa, amo de casa se considera al
dueño, ahora bien: soy ama de casa, la fregona, la cocinera, la limpiadora y
por muchos años la lavandera, es así como lo concibo. Había en mi una
proclividad para todos esos menesteres y no porque mi condición de homosexual
tuviera que ver algo en eso, sino que el
destino o la moira, como prefieran, decidió que pasara y aun siga pasando
diariamente, en la persona que se ocupa y a la vez elabora con cierto desgano,
el diario sustento alimenticio, lo cual, en Camagüey, es bastante atormentador.
Decía que mi padre católico practicante desde que tengo uso de razón, se
convirtió en mi gran amor y que a partir de una conversación que tuvimos poco
después de la muerte de mi madre, las cosas cambiaron para bien.
En realidad sostener esa conversación, se convirtió en una solicitud de
perdón, una suplica de disculpa y ahora voy a explicar el por qué durante cuarenta
y seis años yo culpé a mi padre de todas las cosas, hasta de haberme
engendrado, de las goteras del techo, de la falta de una serie de comodidades,
de todo, insisto y eso se lo dije así mismo una mañana. El regresaba de buscar
el pan, los pancitos que nos daban
diariamente, -ahora me dan un pancito- y le dije que se sentara frente a mi y lo
primero que le hable fue como si mi alma se abriera de par en par y luego de
decirle que lo deteste por mucho tiempo, que incluso renegué de él como padre
ahora solicitaba que me perdonara por todo aquello, que por muchos años no me
di cuenta de cuanto había trabajado años y mas años, se jubiló a los ochenta y
un años y desde los catorce estaba detrás de un mostrador, casi trabajando de
sol a sol para mi y ahorrando para mi y cuando le dije eso, mi padre, un
ancianito delgado, limpio hasta lo maniático, se puso a llorar y a decirme que
el no tenía nada que perdonarme, que yo era el mejor hijo del mundo, que entre
nosotros nunca había pasado nada y entonces se levanto y me dio un beso, cosa
que yo no recordaba lo hubiera hecho alguna vez en la vida y supe que el era mi
ángel tutelar y que si bien no podía ser como él, si podía admirarlo y quererlo
y pasar por alto todos sus resabios de viejo y recibir su bendición estando en
su lecho de muerte y decirme lo mismo, que yo era el mejor hijo del mundo y yo
decirle que el , siempre, había sido el mejor padre del mundo y entonces Dios
nos oyó.
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