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domingo, 21 de julio de 2013

La Olympia de Nikitín



Dice Paul Auster en su libro La historia de mi máquina de escribir sobre su Olympia:


" Hace dos o tres años, presintiendo que se acercaba el final, fui a Leon, mi papelería del distrito de Brooklyn, y encargué cincuenta cintas para la máquina. El dueño se pasó varios dias llamando a todas partes para que le sirvieran un pedido de tamaña envergadura. Según me conto más tarde, algunas cintas vinieron de sitios tan lejanos como Kansas City"

...el pobre, se ve que no sabe lo que es tener que untarle betún o tinta de zapatos, para poder seguir usando la misma cinta del quinquenio pasado.

lunes, 15 de julio de 2013

Nuestras noches felices (II)

 …y entonces el feeling llega al corazón,
En el Gato Tuerto con Revolución.
                                                      Virgilio Piñera

El pintor Juan Boza Sánchez era bajito y gago, las palabras se le partían en la garganta y se quebraban todas, se hacían pedazos al el pronunciarlas y sufría pequeños ahogos que constantemente, sucedían en su conversación. Hablo de 1966, en el mes de diciembre, Boza era un pintor que prometía mucho y aún faltaban algunos años para el éxodo devastador del Mariel que se lo llevo a Nueva York donde finalmente murió. Boza era de la Plaza de Bedoya, aquí en Camagüey pero no es de eso de lo que voy a hablar, sino de la noche que pasamos juntos en El Gato Tuerto en la calle del Nacional casi en el mismo Malecón, un sitio en aquel momento, extraordinario y que aun, al menos para mí tenía que ver con una Habana que no iba a conocer nunca pero que intuía como a una de las grandes capitales del mundo occidental, la Llave del Golfo, la más hermosa de las hembras, voluptuosa y ardiente como una única hetaira a orillas del mar del Estrecho de la Florida. Una Habana que yo no inventé sino que era y fue. Nada más. Pero esa noche, insisto, La Habana estaba como vestida de gala, con estrellas y las aguas batiendo el muro del Malecón cuando entramos al club mas famoso de ese momento, donde se reunían los intelectuales y Miriam Acevedo cantaba unas canciones hermosísimas y actuaba brillantemente vestida con un traje de un intenso color rojo más deslumbrante y vital que nunca, sentada en una alta banqueta, derrochando ingenio y algo que se ha convertido en casi una dificultad encontrar: buen gusto. Como dijo Piñera un club diseñado para los amantes, un sitio donde la felicidad y la desdicha se dan la mano, según escribió, pero para mí no había desdicha aquella noche, sino todo lo contrario y mientras Boza bebía un coctel y yo agua mineral (era incapaz de beber alcohol en ese momento). La noche se iba apoderando de aquel pequeño lugar donde no cabía nadie más y Boza gagueando y yo como una puñetera cámara fotográfica tratando de plasmar para mi interior aquel momento que intuí iba a desmoronarse en cualquier momento. Era demasiado hermoso, demasiado inteligente lo que allí pasaba y yo, a los diecinueve años que tenía entonces, ya poseía un olfato para percibir que era imposible que aquello se mantuviera y así sucedió. Un periodista de Juventud Rebelde arremetió contra aquello y el caso fue que las noches del Gato Tuerto dejaron de ser, y quizás la persona que más se entristeció, porque siempre lo obligaron a estar triste, fue Virgilio quien me comentó el percance que tuvo con el tipo de la prensa en una de sus visitas a mediados del año siguiente, donde venía a estar con Carlín, su amigo de siempre y de refilón conmigo. Recuerdo que  aquella noche Boza me presentó a Juan Angel Espasande con quien luego haría una amistad magnífica por el tiempo que estuvo en Camagüey haciendo el servicio social, uno de los personajes más elocuentes que he conocido, con una sensibilidad especial; pero esa noche él ni se dio cuenta de mí, estaba también asintiendo con la cabeza como quien está de acuerdo con todo y cómo no estarlo si ya era como uno de los alientos postreros de La Habana, una ciudad que se sumergía en algo inexplicable y de lo que fue, finalmente saldría destrozada, pero bella aún como esas señoras muy pero que muy burguesas que ya se extinguen y que, sin embargo tienen la clase de lo que sobrevive a golpes de buena voluntad o de capricho, ese empecinamiento extraño de mantener algo que se va y que luchan porque no y se pueden encontrar aún como un vestigio en las iglesias y las viejas casonas. La noche fue acabando y Boza y yo decidimos acompañar a Virgilio que había leído sus poemas: Boza achispado y yo, al lado de Piñera sintiéndome el mejor, subimos hasta 27 y dejamos a Virgilio a la puerta de su edificio de apartamentos y estoy tan seguro de que voy a ser feliz, voy a ser el mejor, alguien me va a amar intensamente, soy hermoso y mi filme se está realizando con todas las de la ley, un brillante protagónico me espera y la acción comienza en aquel momento: ¿Qué pasó que no llegué a comenzar la filmación? ¿Qué tenebroso destino me esperaba? ¿Cuál será la toma final de este filme descorazonado y aburrido que sigo permanentemente protagonizando?

domingo, 5 de mayo de 2013

La dolorosa historia de Catalina Rodríguez


A mi tía Cata

Durante años, Catalina Rodríguez Salcedo, hija de Blas, alférez del Ejército Libertador y nacida en mil novecientos tres, vivió sumida en un silencio más profundo, algo que, sin dudas, se podía tocar, que se podía palpar.

Este silencio comenzó en 1971 cuando su única hija y sus dos nietos abandonaron definitivamente el país en el mes de Abril. Su vida cambió por completo y solamente se oía espantar a las gallinas cuando venían hasta su cocina y que se criaban en el inmenso patio de la casa. Catalina vivía al lado nuestro y todo lo que hacía se sentía acá, del otro lado: toses en la madrugada, a veces comentarios en voz baja y hasta uno que otro suspiro que a mi se me antojaba que era de desesperación. Poco a poco fui ocupando el lugar más importante en su vida, contaba conmigo para todo y, a pesar de mi alcoholismo, siempre confió en mi y terminó por quererme casi como a su hija. Yo resolvía las pocas cosas que hubo que hacerle cuando ya decidió no salir más a la calle, entre ellas, cobrarle la lamentable pensión de asistencia social que constaba de unos 44 pesos mensuales que cualquiera que tenga un dedo de frente puede entender que esto no es dinero ni es nada en el país que sea. Su hija la ayudaba desde USA pero a partir de 1991, en el mes de agosto, lapidó la memoria hacia su madre y se puede decir que colocó la losa sobre su madre y esto sucedió cuando nuestro país comenzó a padecer de una rara epidemia económica sin precedentes que se ha dado en llamar, como a tantas otras cosas lamentables con el rimbombante nombre de Período Especial en Tiempos de Paz, algo que pasa de ser un mero significado de uno de los momentos más alocados de la nación y que aún en el 2013 no ha concluido del todo. 

En enero de 1997 Catalina tuvo la fractura de cadera que finalmente la llevaría a la muerte. Durante once meses padeció de una invalidez que hasta le prohibía llevarse la cuchara a la boca y yo tenía que darle la comida mientras hablábamos a gritos, ya que estaba casi sorda, pero la pasábamos tranquilo. Es cierto que yo apenas dormía pendiente de cuando me llamara para cualquier cosa, pero recuerdo ese tiempo como algo bueno y que aún yo no había perdido la fe en el Dios de mis mayores, lógicamente el Dios de Catalina, castigador e implacable en sus designios, al menos para con ella. Ahora me viene de pronto la imagen de mi tía, sentada en la silla de ruedas que mi madre usó por siete años, llorando desconsoladamente y diciéndome que "quería saber de los suyos", o de que trataba de buscar una palabra, una noticia, algo que acabara con aquellos seis años de silencio absoluto por parte de su hija. Carlos Victoria me dijo una de las veces que hablamos por teléfono, que no fueron pocas ya que me llamaba todos los meses desde Miami, que había personas que decidían olvidarse de los suyos de acá, lo cual no entendí, porque era como olvidarse de haber nacido de alguien, o vivir en un limbo familiar que para mi, que lo soy tanto, resulta totalmente incomprensible. No creo que nadie pueda olvidar a su madre, para bien o para mal tiene que recordarla de alguna manera, cosa que parece haber sucedido con la única hija de Catalina, que la sacó de su cabeza o de su corazón o de los dos lugares a la vez por una sencilla razón, porque mi tía era mestiza, así como suena, según mi padre la más atrasada de catorce hermanos, la que heredó la negritus de María Bencomo, la madre de mi abuela Eugenia y estoy seguro que esa fue la causa, porque lo que sí sé, es que ella, la hija de Catalina, Olga Juliana, la negaba desde niña, cuando estaba en la escuela de monjas, diciendo a las compañeras de aula que su madre era la sirvienta de la casa. Eso lo oí desde que nací. Pero no es motivo para silenciarse, esa no es la causa para borrar al ser más importante de la vida de otro ser; eso no puede convertir un sentimiento de agradecimiento por haberte criado en un desprecio devastador hacia una anciana de 94 años que clama por la presencia de una hija. Y lo hizo. ¿Por qué? ¿Porque su madre era mulata? ¿Porque su odio hacia mi era visceral? ¿Porque era homofóbica y yo representaba ante sus ojos a lo más despreciable de la naturaleza humana? ¿Por eso? ¿Por ser quizás más extremista o pertenecer a la ultraderecha de Miami o algo por el estilo? ¿Por borrar su vida en Cuba lo cual era imposible ya que había vivido treinta y cinco años en su país y sus hijos, hembra y varón, eran cubanos y por más aún camagueyanos? ¿Porque quería hacer borrón y cuenta nueva?,Para estas preguntas no hay respuestas, no las hay. Catalina murió el once de Noviembre de 1997 a las doce del día, tranquila, recibiendo la oración de una vecina que tenía sus manos entre las de ella mientras yo me negaba a que aquello pasara por mucho que, desde hacía rato, mi padre me lo venía diciendo. La habíamos pasado, aquella persona que se iba ya y yo muy mal...?

Habíamos atravesado algo triste, penoso, demasiado angustiado, como para que la dejara ir así, sin más y me quedara solo con mi padre...Era el noventaisiete del siglo XX, el Gran Siglo y la humanidad se revolvía entre atentados, crecimiento económico en muchos países y en otros no, pero Cuba, como siempre, distinguiéndose de las demás, viviendo un tiempo de escasez que no era más que un tiempo de miseria aguda donde hasta algunos se quitaron la vida por la desesperación de no tener ni un comino de esperanza: Cuba, la más bella, agonizando en su propio caldo, en su plataforma insular y una vez más sometida a sacrificios en aras de un futuro que había perdido hace mucho tiempo. Y nada más queda por hacer otra pregunta, una pregunta que mi tía Catalina Rodríguez se hubiera hecho o quizás se la hizo en los momentos, en los inmensos momentos de soledad a los que se vio sometida: ¿Qué es un Período Especial en Tiempos de Paz? ¿Qué carajo es eso?





jueves, 2 de mayo de 2013

sábado, 9 de marzo de 2013

Josefa Bracero: Nikitín, un inmenso escritor radial



Nota del editor: Si lo dejamos a la humildad de Nikitín nunca sabríamos de su vida y obra, por eso, he decidido "sin su permiso", ir enlazando algunos artículos aparecidos en la web sobre sobre su persona.
Publicado el 17 de marzo de 2012 en Radio Cubana:
Si usted preguntara en cualquier emisora de radio en el país por José Rodríguez Lastre, estoy segura que la gran mayoría contestaría que no conocen a ninguna persona con ese nombre. Sin embargo, si se indagara por Nikitín, enseguida saltaría alguien para decir: sí, cómo no, sus excelentes obras, sobre todo de radio, han sido disfrutadas en toda la nación.
Yo lo conocí en 1970, cuando ya los muchachos de Liverpool comenzaban a romper los récords en nuestra discoteca, para iniciar por todo lo alto la década prodigiosa de la música. A Los Beatles se unirían en la preferencia, fundamentalmente los grupos españoles. Ambos llegábamos ese año a Radio Cadena Agramonte, la emisora provincial de Camagüey. Yo, una locutora principiante; él, con cartas credenciales ya presentadas con éxito en la radio de Santiago de Cuba. Si algo me llamó rápidamente la atención fue su carácter afable, su sonrisa franca, su honestidad, incapaces de esconder los prejuicios de la época.
Cuando conversábamos, su sinceridad y su valentía para asumirse como era, me convencieron de que estaba ante una persona muy sensible y, sobre todo, ante un talento poco común, que sería un insulto no fuese aprovechado cabalmente. Por eso, no obstante que casi somos contemporáneos, sentía que debía aconsejarlo y cuidarlo como una madre y así lo he querido: apreciando su obra, sus cualidades personales, más allá de las concepciones prehistóricas que danzaban, y cómo, también en la década prodigiosa.
Cuando me decidí a pedirle una entrevista sabía que no iba a ser fácil seguir los cánones normales aprendidos en la Universidad. Tenía que apartarme de ellos para dejar flotar el corazón de este hombre, de este escritor, que no por permanecer en el querido terruño, se le puede negar un puesto de honor en la memoria radial y en la cultura de nuestro país.
Por eso le pedí, no una entrevista, sino un acto de profesión de fe, sincero como él sabe hacerlo y que me hablara en voz alta sobre lo que ha sido su vida. He aquí, de forma inusual, estos:
Comentarios sobre mí mismo
"La mayoría de las personas que escuchan las novelas que escribo para la radio terminan por decirme que si ellas me contaran sus vidas, yo iba a escribir la mejor novela del mundo, y no dejan de tener razón. Cada vida es una historia apasionante, cada ser humano vive con su melodrama a cuestas, y la mayoría de las veces no sabe qué hacer con él. De hecho, mi vida también es una novela apasionante, como puede serlo cualquier otra, incluso יEn busca del tiempo perdidoי, rara analogía con mi existencia, en la que he perdido un tiempo que jamás voy a recuperar, lo cual se muestra, por ejemplo, en un personaje como Ludovico Fumero, con el cual no sé ahora mismo qué haré porque le han vaciado una andanada de seis tiros y ha quedado vivo; no tengo la menor idea ahora de cuál será su derrotero, su vía, su karma.
"Lo menos que pensé en la vida es que yo fuese a devenir en escritor de melodramas radiales, lo menos que soñé fue que tendría que engarzar historias entre tramas y subtramas que, en la mayoría de los casos, llevasen a unos finales que los oyentes desearan. Mucho menos lo sospeché, porque mis inicios en el mundo de las letras fueron ese romance donde obtienes un premio, donde ganas dinero, cuando tienes 19 años y todo se llena de un verdadero color de esperanza. Sucede que hasta entonces, o sea hasta 1966, había estudiado en la Escuela de Artes Plásticas provincial y, casi al punto de graduarme, dirigentes culturales de mi provincia decidieron que eso no debía ser, que no importaba que tuviese talento, pero que era un ser muy evidente en mi manera de exponer la condición sexual que me ha acompañado. Era un tiro de gracia, y no me tiré en la cama a dar gritos, sino que escribí, y al año siguiente estrenaba mi primera obra de teatro, o sea que lo primero que había escrito, al poco tiempo estaba puesto en escena, y lo más curioso del caso es que la noche del estreno, los mismos que no me dejaron graduar como pintor aplaudían con furor mi entrada al ámbito teatral.
"Así que este mundo comenzó a resultar, para mí, absolutamente incomprensible y ahora, con 64 años, lo sigue siendo. Pues ¿me esperaba un destino como el de Eugene OיNeill? ¿Así mismo? ¿O como el de Tennesse Williams?: con mi segunda obra, yo estaba en pie en un inmenso proscenio y un público frenético gritaba "bravos" y aplaudía enardecido. Y yo ahí, observando al público entusiasmado, sin contar que, entre bambalinas, estaban los mismitos dirigentes culturales de entonces.
"Ah, pero en enero de 1969, hice entrada triunfal en la emisora CMKC, de Santiago de Cuba, de mano de una de las personas más peculiares y generosas que he tenido oportunidad de conocer: José Soler Puig, quien escribía para esa emisora y acababa de evaluar un cuento que yo había escrito. El encuentro con Soler fue muy original y la cuestión fue que, gracias a su opinión sobre mi trabajo, me vi en segundos contratado para trabajar en Radio Revolución, cosa que hice a partir de ese momento por más de un año, y de donde salí para integrarme como asesor del Conjunto Dramático de Oriente, faena que duró muy poco, porque ya el primero de septiembre de 1970 estaba firmando con Radio Cadena Agramonte, de Camagüey, lo que sería y sigue siendo el verdadero universo de la novela radial en que he estado inmerso por más de 40 años.
"La década del 70 fue prodigiosa para mí. Mientras que para una serie de figuras de las letras cubanas se convertiría en lo que se ha dado en llamar el יquinquenio grisי, yo andaba frescamente escribiendo seriales sobre próceres de la Patria y ganando un sueldo bajísimo, pero con el cual podía vivir tranquilamente, sin más pretensiones. Ahora, cuando gano, resulta siete veces más, y me sigo quedando en el aire.
"De vez en cuando puedo salir a la superficie y coger aire para sumergirme de nuevo en la pecera de mi imaginación y dar vueltas a algunas ideas, como por ejemplo estas de ahora que tienen que ver con un prostíbulo de ricos en plena ciudad, allá por los años 50 del pasado siglo donde viven unas rameras יbuenísimasי porque quiero que sean así, y las redimiré de ese mundo y las sacaré del cieno. Esta nueva novela, a la que he hecho alusión con el lío del senador tiroteado, se titula יDoña Carmelinaי, como es conocida la dueña del afamado prostíbulo más caro de la isla por entonces. Salvaje.
"Radio Cadena Agramonte, hasta 1980, fue como una casa, como sitio de refugio para mí, por eso iba todos los días. Luego eso cambió, quizás porque muchos amigos se fueron de mi lado. Pero desde entonces se me metió en la cabeza escribir la novela radial con todos los ingredientes, salsas, cocciones y sabores de la "jabonera", aunque con un nuevo modo de tratamiento, y creo que lo logré. Es cierto que he ganado infinidad de premios y distinciones, incluso por la Cultura Nacional, pero es verdad que sigo sentado delante de una Olympia portátil, pieza museable sin lugar a dudas, haciendo magia.
"He recibido muchos premios en los Festivales de Radio, premios Caracol que vienen siendo como un יOscar radial insularי, también unas cuantas menciones, y que en dos ocasiones he sido seleccionado como el mejor escritor radial de Cuba. He estrenado cuatro obras de teatro que cayeron precipitadamente por el foso ante los atónitos ojos de los espectadores. Sin embargo, he vivido y he reído y he jodido, y he hecho por mí mismo milagros que otros no han podido hacer; aunque me muerda los codos, doy gracias por haber sido una persona que ha escrito folletines, o sea que ha vivido de lo que sabía hacer.
"Hace unos pocos años, a raíz de habérsele otorgado a la parte vieja de mi ciudad de Camagüey el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, estaba una tarde sentado con otro lugareño en un parque, y llegaron dos jóvenes con una cámara que tenía un largo micrófono. La persona que estaba conmigo no tuvo más que decirle a la muchacha viva e inteligente que yo era escritor para que ella pidiera una entrevista. Le rebatí diciéndole que yo era un folletinero, pero la muchacha insistió. Ganó la juventud maravillosa de aquellos dos periodistas de Reuters y accedí. Soy José Rodríguez Lastre, escritor medieval de una emisora de provincia y un ser humano que busca, por encima de todas las cosas, la paz, no la de los sepulcros, no, sino la que pueda ganar día a día".
Hasta para abrir tu corazón sin mordazas, Nikitín, eres auténtico, sencillamente genial.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Tienda de víveres






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